
![]() ![]() |
![]() ![]() |

|
|
Llama al 11830 y pregunta por el Tarot de Nieves. MENOS DE 1 € POR MINUTO.
MÁS BARATO QUE LOS 806
Tarot telefónico, más facil, más
barato!!!
Tu ayuda definitiva y sincera. Te
guiaremos en el amor, salud,
trabajo, las 24 horas.
![]()
![]()
|
Ha habido mucha controversia en cuanto a los
puntos de vista Satánicos sobre "el amor libre". A menudo se supone
que la actividad sexual es el factor más importante de la religión
Satánica, y que la disponibilidad de participar en orgías sexuales
es un prerrequisito para convertirse en Satanista. ¡Nada más lejos
de la verdad! En efecto, a aquellos oportunistas cuyo interés en el
Satanismo no es otro que el de los aspectos sexuales, se les
recomienda vivamente que no acudan a él.
La definición popular de la palabra 'sádico'
La masturbación, considerada por muchas
personas como un tabú sexual, crea un problema de culpabilidad que
no resulta fácil de afrontar. En este asunto es preciso hacer mucho
hincapié, puesto que constituye el elemento extremadamente
importante de muchos actos mágicos destinados a tener éxito. Desde
que la Biblia judeo-cristiana describió el pecado de Onán (Gen
38:7-10), el hombre no ha cesado de considerar la gravedad y las
consecuencias del «vicio solitario». Aunque los modernos sexólogos
han explicado que el pecado de Onán es simplemente un coitus
interruptus, siglos enteros de falsa interpretación teológica han
causado un daño casi irreparable.
Las espeluznantes descripciones de tales
textos resultarían casi risibles si no fuera por el hecho lamentable
de que, a pesar de que los sexólogos, doctores o escritores
contemporáneos han hecho mucho para elimina el estigma de la
masturbación, todos los muy arraigados sentimientos de culpabilidad
creados por las absurdidades de aquellos primeros textos sexuales no
han podido ser borrados sino de una manera parcial. Un gran
porcentaje de personas, en especial aquellas que han rebasado la
edad de cuarenta años, no pueden aceptar emocionalmente la
circunstancia de que la masturbación es natural y saludable. Hay
ciertas personas que ahora logran aceptarla intelectualmente, pero,
como siguen considerándola con repugnancia, sucede que de un modo
inconsciente comunican su repugnancia a sus hijos.
En otros tiempos se pensaba que uno se
volvería loco si, a pesar de todas las advertencias, persistía en
sus prácticas autoeróticas. Este ridículo mito tomó cuerpo a causa
de ciertos informes que pretendían que la masturbación estaba muy
extendida entre los residentes de los centros psiquiátricos. Se
suponía que, puesto que casi todos los dementes se masturbaban, era
su masturbación la que les había vuelto locos. Nadie se detenía a
pensar que la verdadera razón de que los dementes se entregaran a la
práctica de la masturbación había que ir a buscarla en la carencia
de compañeros del sexo opuesto y en esa necesidad de liberar la
inhibición que es la característica de una locura extrema.
Muchas personas prefieren que su pareja busque
en otra parte la actividad sexual antes que dedicarse con ella a
actos auto eróticos. En esto influyen los propios sentimientos de
culpabilidad, más una repugnancia a realizar una masturbación mutua.
Hay casos en los que existe también el temor a la repugnancia de la
pareja. Sin embargo, es sorprendente el número de casos en los que
se obtiene una perversa excitación al ver a nuestra pareja tener una
experiencia sexual con otra persona. Esto es bastante corriente,
aunque raras son las personas que se atreven a reconocerlo.
Por mucho que nos hayan hablado de la
«inmaculada concepción» -habría que tener una fe muy ciega para
tragarse esa absurdidad-, todos sabemos muy bien que si queremos
traer ai mundo a un niño tenemos que mantener un contacto sexual con
una persona del sexo opuesto. Si uno se siente culpable al cometer
el «pecado original», entonces no hay duda de que se sentirá mucho
más culpable al realizar un acto sexual pensando tan sólo en uno
mismo, y no en la necesidad de crear hijos.
Los satanistas se dan plena cuenta de las
razones por las cuales los sacerdotes declaran pecaminosa la
masturbación. Tal como ocurre con todos los otros actos naturales,
las personas la realizarán por mucho que las reprendan severarnente.
Ahora bien, provocar un sentimiento de culpabilidad es una
importante faceta de su perverso plan para inducir a las personas a
expiar sus «pecados». ¿Y qué mejor manera de expiarlos que pagando
las hipotecas sobre los templos de la abstinencia?
Aun cuando el hombre moderno no sienta ya (o
crea no sentirse ya) bajo el peso de un sentimiento de culpabilidad
provocado por la religión, la verdad es que todavía se siente
avergonzado si cede al deseo de masturbarse. Un hombre puede
sentirse privado de su masculinidad si se satisface autoeróticamente
en lugar de entregarse al juego competitivo de dar caza a una mujer.
Es posible que una mujer se sienta tentada a satisfacerse a sí misma
sexualmente, pero aún así echará de menos esa satisfacción egotísta
que proviene del deporte de la seducción. Ni el casi Casanova ni la
ficticia vampiresa se sienten a gusto cuando están «obligados» a
recurrir a la masturbación para obtener una satisfacción sexual:
ambos preferirían incluso un compañero inadecuado. Sin embargo,
satánicamente hablando, es mucho mejor entregarse a una fantasía
perfecta que participar con otra persona en una vacua experiencia.
Con la masturbación, uno domina completamente la situación. Para
ilustrar el hecho indiscutible de que la masturbación es una
práctica normal y saludable, diremos que es realizada por todos los
miembros del reino animal. Los niños también se rinden a sus
instintivos deseos masturbatorios, salvo que hayan sido regañados
por unos padres indignados. Desde luego, en esto suele haber una
tradición que se remonta de hijos a padres a todo lo largo de una
infinita línea ascendente.
Es lamentable, pero cierto, que los
sentimientos de culpabilidad sexual de los padres se transmiten
inmutablemente a sus hijos. Con el objeto de salvar a nuestros hijos
del triste destino sexual de nuestros abuelos, nuestros padres, y
posiblemente del nuestro propio, nuestra obligación es conseguir que
el perverso código moral del pasado quede expuesto tal como es: una
serie de reglas pragmáticas organizadas que, si obedecemos de un
modo rígido, nos destruirán. Podemos estar seguros de que, si no nos
liberamos de los ridículos niveles sexuales de nuestra sociedad
actual, y en ellos incluimos a la pretendida revolución sexual,
persistirá la neurosis provocada por esas sofocantes regulaciones.
La adhesión a la nueva moralidad del satanismo, que es razonable y
humanitaria, servirá al desarrollo de una sociedad en la que
nuestros hijos podrán crecer saludablemente y sin los devastadores
inconvenientes morales de una sociedad actual que está enferma.
|
